
La radio sonaba en la estantería y ella se acercó a mí, sigilosa, cual gata que era, tarareando España Cañí. Introdujo su lengua en mi oreja. "Me ha llamado gilipollas", pensé para mantenerme en mi sitio, pero mi cuerpo mandaba, retando a la gravedad, y mi deseo soñaba con contar todas sus pecas.
Ella continuó explorando, su lengua acariciando mi cuello, y mis manos abortaron su ritmo de panadero. Agarré el hule de cuadros y lo tiré todo al suelo, me di la vuelta después, la cogí por la cintura y sin pensarlo dos veces, la tumbé sobre la mesa: "Me has llamado gilipollas", le susurré al oido, y amasando sus pezones, restos de harina en mis dedos, ella me mordió los labios. Después me besó muy suave, cálido aliento de abril, y mirándome a los ojos, preguntó lo mismo de nuevo: "¿A las Palmas o a la Hiruela?". Y yo como un gilipollas, apresado entre sus piernas, solté un gemido de éxtasis: " A las Palmas, Carmela, a las Palmas".
Excelente!! muy interesante, engancha. Muy bien secuenciada la pulsión entre el deseo y me has llamado gilipollas. Has integrado muy bien lo de los párrafos. Interesante que el narrador sea un hombre. En definitiva, well done!!!
ResponderEliminarEcha un ojo a éxtasis.
;-))
Cierto es... Se me coló un acento. Es lo que tiene escribir a altas horas de la noche... Jejeje
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